Mexicano logra cultivar en el norte del país la “Fruta del Dragón”, que sólo se daba en clima tropical

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Ciudad de México, 5 de septiembre (Vanguardia/SinEmbargo).- En un rincón del sur de Saltillo nacen frutos de origen tropical y Rodolfo Garza Cavazos es el artífice de este milagro.

El único productor de la “Fruta del Dragón” en el noreste del país, se ha encargado de cobijar literalmente a la pitahaya para hacerla prosperar y fortalecerse fuera de su medio; y ofrecerla así a la ciudadanía.

Yucatán y Jalisco son los únicos estados donde la pitahaya se conoce y consume, fuera de ahí su popularidad es mínima.

Este fruto blanco por dentro, con semillas parecidas al kiwi e incluso con un sabor parecido, tiene una cáscara de tonos magenta o rosa mexicano que lo vuelven único en el país.

Hasta el momento la pitahaya saltillense no tiene mercado porque la gente no la conoce, aseguró Rodolfo Garza, de profesión ingeniero civil.

Pocos saben que es al sur de la ciudad donde los cactus que las hacen nacer crecen cada año; para lograrlo, Rodolfo recorrió un camino de 10 años con cientos de pruebas de acierto y error.

EL LABORATORIO DE RODOLFO

En un invernadero de 120 metros cuadrados aproximadamente, enclavado en un lugar discret, permanecen resguardados estos frutos.

Entre calentadores y aditamentos especiales, el equipo de trabajo de Rodolfo cuida del cactus y otras 100 especies de flora del desierto.

El amor al desierto y a la naturaleza, trajeron la pitahaya a Saltillo. La historia de la pitahaya en Saltillo se remonta a poco más de 10 años. Rodolfo y su familia vivían en Mérida y desde un principio el fruto rosa llamó su atención, su presencia era tan común y su consumo igual, que el ingeniero —embelesado— por su belleza; consiguió un rancho para extender el sembradío de pitahaya.

Pero la cotidianidad de crecer entre pitahayas y saberlas parte de su paisaje, pasó inadvertido para ciudadanos de Mérida. El fruto era tan común y casi cualquiera podía hacerlo crecer, que como negocio no funcionó.

El ingeniero reservó esfuerzos, optó por frenar sus esperanzas para el negocio de producción de pitahayas, tomó 20 de las plantas y regresó a Coahuila. Las dos decenas fueron suficientes para mantener el sueño de Rodolfo y es así como los frutos que dieron y su extensión siguen hasta hoy, una década después.

UN VISIONARIO

Rodolfo apostó por su amor al desierto para ofrecer cactus y otras especies para que ciudadanos de diferentes lugares del país, e incluso del extranjero, pudieran hacerse de su especie favorita.

Los trámites para poner en regla la venta y mantenimiento de las plantas costaron años de inversión para un resultado poco alentador. De nueva cuenta parecía no haber público que buscara este tipo de plantas y sobretodo alguien que —hablando en negocios— estuviera realmente interesado en ellas.

La asociación entre Rodolfo y un amigo biólogo concluyó, cada quien se repartió las plantas producidas. Con el corazón por delante, el ingeniero se acercó al Museo del Desierto para entregar gran parte de las especies.

DIFERENTE CAMINO Y RESULTADO SIMILAR

Mientras los socios dedicaron tiempo y espacio para alimentar su nueva apuesta de negocios, los 20 cáctus de pitahaya hicieron lo suyo, se aferraron a la tierra y comenzaron a dar frutos.

En Estados Unidos la pieza de pitahaya alcanza un valor de cinco dólares, en el mercado se ofrece hasta en 85 pesos el kilo. Los frutos que crecen en zonas tropicales alcanzan a pesar hasta medio kilo cada uno debido a su tamaño.

Los frutos al sur de la ciudad cada vez crecen más, entre mayo y junio comienzan a brotar los primeros frutos hasta el mes de noviembre, recientemente, en la última pizca, el grupo de trabajadores de Rodolfo recolectaron 50 kilos de pitahaya.

LA FOTO QUE EN EL FACEBOOK CAMBIÓ TODO

En los últimos dos años el “Fruto del Dragón” como también se le conoce, pasó inadvertido para la ciudadanía. Este verano la historia cambió.

Uno de los hijos de Rodolfo tomó una fotografía de los frutos exóticos y publicó su venta en Facebook. Para algunos fue amor a primera vista —igual que pasó con el ingeniero a su llegada en Mérida—.

Hasta el momento un productor de dulces artesanales es el principal consumidor, pero la popularidad crece y se arraiga al igual que hicieron las 20 plantas traídas desde Mérida a la ciudad.

El interés por la pitahaya ha ido en aumento. Aunque no funcionó de golpe como don Rodolfo esperaba, parece haber llegado de que ese público que no la conoce y por ende no la consuma, se rinda ante ella.

PITAYA Y PITAHAYA: ¿SON LO MISMO?

Se suelen confundir estos frutos. En algunos casos se piensa que son el mismo, pero hay diferencias entre ambos.

¿Qué tienen en común? La pitaya y la pitahaya se consideran exóticas; se cultivan tanto como plantas ornamentales como para la recolección del fruto y generan flores hermosas. Ambas provienen de América Central y México, y pertenecen a la familia de las Cactaceae.

Contienen propiedades nutrimentales en contenido de vitaminas C, B (B1 o tiamina, B3 o niacina y B2 o rivoflavina), potasio, hierro, calcio y fósforo, además de ser bajas en calorías y de ayudar a la digestión.

¿Cuál es la diferencia? Su principal diferencia radica en el género al que pertenecen. La pitaya proviene del género Stenocereus, mientras que la pitahaya es del Hylocereus. Las espinas también son una característica que las distingue; aun cuando la pitahaya proviene de un cactus, no tiene espinas.

LOS NOMBRES

Origen antillano: La palabra pitahaya es de origen antillano y significa fruta escamosa, su fruto es de forma ovoide, redondeado y alargado, de pulpa roja, blanca o amarilla y de semillas pequeñas negras; su sabor es menos dulce que el de la pitaya.

El hábito de crecimiento de la pitahaya es trepador, por lo que se le conoce como Fruta del Dragón o Thanh Long, de origen vietnamita; se debe a que la planta que la produce trepa sobre los troncos de los árboles y se entrelaza dando la forma al cuerpo de un dragón, animal mitológico muy popular en Asia.

Llena de espinas: El nombre de la pitaya se le da a la frutas cubiertas de espinas; su fruto es ovoide semiredondeado, de pulpa blanca, roja, amarilla, morada, rojo-violeta y de gran cantidad de semillas negras (al igual que la pitahaya). Su sabor es muy dulce y su hábito de crecimiento es cactácea columnar.

El esfuerzo de Rodolfo rinde frutos, su origen es el afecto que le tiene a esta región.

PITAYA Y PITAHAYA; EN FRÍOS NÚMEROS

Pitaya: los principales productores de este fruto son Oaxaca, Jalisco y Puebla, quienes sembraron más de 97 por ciento de la superficie total, destacando Oaxaca como principal productor con 42.9 por ciento del total. El valor de la producción se registró en 68.38 millones de pesos.

Pitahaya: generó en 2016 un valor de la producción por 59.62 millones de pesos.

Se produce en Quintana Roo, Yucatán y Puebla, destacando Yucatán con 68.2 por ciento de la producción. En el periodo que se informa se obtuvieron 4 mil 158 toneladas a un precio medio rural de $14 mil 342 por tonelada.