Muere Kayla, la orca más longeva de SeaWorld que nunca nadó en libertad

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Kayla, la orca más longeva de la cadena de parques temáticos de animales SeaWorld, murió el 28 de enero a causa de una enfermedad repentina, según informó en un comunicado la compañía estadounidense. Era "grácil, inteligente y atlética", tenía 30 años, vivía en el parque de Orlando y jamás había nadado en el océano.

SeaWorld Orlando explicó que el animal empezó "a mostrar signos de malestar el sábado 26 de enero por la tarde. Los veterinarios la examinaron y la trataron con medicamentos inmediatamente, pero que su estado empeoró durante los dos días siguientes y, a pesar de los cuidados, falleció el lunes 28. Kayla no tenía problemas de salud importantes, según la compañía, que explica que la causa exacta de su muerte se conocerá cuando concluya la autopsia.

"Toda la familia SeaWorld está profundamente entristecida por la pérdida", concluye el comunicado de la compañía, que en 2016 anunció el final de su polémico programa de reproducción de orcas. Nacida en el SeaWorld San Antonio el 26 de noviembre de 1988, solo tuvo una cría, de nombre Halyn, a la que rechazó y acabó muriendo a los tres años de vida.

Kayla fue la segunda orca nacida en cautiverio en el mundo, detalló a The Orlando Sentinel la doctora Naomi Rose, científica especialista en mamíferos marinos del Animal Welfare Institute, muy crítico con SeaWorld. Según Rose, 30 años para una orca es la flor de la vida, dado que viven de promedio en la naturaleza hasta los 50, pero incluso pueden cumplir los 80 o 90 años. Era como una mujer de 30 años. Morir a los 30 años no es normal ", sentenció Rose.

Kayla es la cuarta orca que muere en un parque de SeaWorld en los últimos dos años, recuerda Buzzfeed, que detalla que en agosto de 2017, Kasatka, una matriarca de 42 años, fue sacrificada tras sufrir una enfermedad pulmonar durante años en el SeaWorld de San Diego. Un mes antes, Kyara, una orca bebé de apenas tres meses, murió de una infección. Kyara era la última orca nacida en cautiverio en un parque de SeaWorld.

Por último, en enero de ese mismo año, Tilikum, que apareció en el documental Blackfish que llevó a SeaWorld a terminar su programa de cría de ballenas asesinas, murió después de una infección pulmonar. Tras el fallecimiento de Kayla, en los tres parques de la compañía —San Diego, Orlando y San Antonio— quedan 20 ejemplares, de las que cinco viven en el de Orlando, tres hembras y dos machos.

El partido animalista Pacma, ha lamentado la muerte del animal y ha asegurado que "España lidera el cruel negocio de espectáculos con delfines y ballenas en Europa". "No pararemos hasta conseguir el cierre de estas prisiones. Nunca pudo nadar en el océano", añade. La organización por los derechos de los animales PETA, escribió: "Kayla, una orca atrapada en SeaWorld toda su vida, ha muerto en un tanque. Nunca llegó a nadar en el océano". "Kayla se vio obligada a desplazarse por todo el país de parque en parque y a perder a sus bebés a lo largo de los años", añadió.

La muerte de Kayla coincide con las protestas de defensores de los animales contra un delfinario en Arizona, donde han muerto en los últimos 16 meses cuatro de estos mamíferos acuáticos. El centro recreativo está bajo investigación federal por este motivo. El pasado sábado, Dolphin Quest, que presta algunos de los delfines al centro Dolphinaris Arizona, en el que han perecido los ejemplares, anunció que terminaba su contrato con él y que analizar qué hacer con dos de sus delfines que aún se encuentran en el lugar.

Con cartelones con lemas como El cautiverio mata, No queremos delfines en el desierto, La crueldad no es un entretenimiento, ese mismo día los manifestantes pidieron que los cuatro delfines que aún se encuentran en Dolphinaris Arizona sean enviados cuanto antes a un santuario marino. "Desde un principio sabíamos que el desierto no es un lugar para los delfines, estos animales están siendo explotados hasta la muerte", dijo Christina Johnson, una de las manifestantes.

Dolphinaris Arizona, situado en la ciudad de Scottsdale, abrió sus puertas en octubre de 2016 con ocho delfines, cuatro de los cuales han fallecido. El último deceso ocurrió el pasado jueves, cuando Kai, de 22 años, tuvo que ser sacrificado tras pasar dos semanas gravemente enfermo. "Reconocemos que perder a cuatro delfines en el ultimo año y medio no es normal", admitió Christian Schaeffer, administrador de Dolphinaris Arizona, en una nota de prensa.

Schaeffer indicó que están tomando todas las medidas para asegurar que los delfines tengan una buena calidad de vida, una promesa insuficiente para los defensores de los animales. "El principal problema es que el desierto no es un lugar para los delfines, no pueden vivir en una alberca de cemento cerca de una autopista interestatal", ha criticado Jeannette McCourt, activista de Dolphin Free Az, organizadores de la protesta.

La muerte de Kai se produjo apenas un mes después del fallecimiento de otro delfín, Khloe, de 11 años, debido a una complicación a causa de un parásito. Alia, de 10 años, murió en mayo de una infección bacteriana y poco después Bodie falleció de una rara enfermedad muscular, cuando tenía siete años. Todos ellos eran delfines nariz de botella, una de las especies de delfines más populares y que puede llegar a vivir entre 30 a 40 años en su hábitat natural.

Fuente: El País 

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