San Francisco y otros destinos que no son exactamente lo que imaginas

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Por fin elegiste el destino de tus vacaciones, ya leíste todo lo que encontraste acerca del lugar que vas a visitar en cuanta guía se te atravesó y en Internet; checaste el clima en Google, empacaste poco y adecuadamente, y tomaste un avión. Pero ¡oh sorpresa! las cosas no siempre son como las esperabas o como se ven en los sitios web. Aunque siempre hay situaciones inesperadas al llegar a un lugar nuevo, algunas te toman desprevenido y ¡no para bien!

En algunas de mis vueltecillas me he encontrado con este tipo de circunstancias de las que aquí te comparto la segunda parte, con el único afán de que, si vas a estos lugares, no te suceda a ti.

Una cosa muy importante antes de entrar en materia, por graves que fueran estas eventualidades (que ninguna lo fue tanto, la verdad), nunca dejé que arruinaran el viaje ni la diversión.En todas partes hay algo padre que hacer siempre. Reintrepretando un famoso dicho: Fuera de tu casa, ¡todo es vacación!

1. San Francisco entre la niebla

En prácticamente todas las fotos que puedes ver en Internet de San Francisco, la ciudad californiana se ve perfectamente soleada, el cielo y el mar azules, el puente Golden Gate luce en todo su rojo esplendor y en la bahía se ve alguno que otro velero, en una idílica escena marina. Tú piensas: California y, ¡claro! te la crees completita, pero déjame decirte que la cosa es muy distinta. Por lo que me he podido dar cuenta después (claro, aquello de tapar el pozo después del niño ahogado) en Estados Unidos es un hecho bastante conocido que San Francisco suele ser neblinoso, nublado y bastante frío, ¡aun en verano!

En promedio, tiene ¡108 días de neblina y 105 días nublados al año! Lo cual quiere decir que hay bastante chance de que, si piensas pasar ahí unos cinco días, por lo menos te toquen dos nublados y/o neblinosos. Si a esto le sumas que llueve con frecuencia, pues ya tienes la receta para unas vacaciones no tan ‘veraniegas’.

Si tienes planeado ir, mi recomendación es la siguiente: lleva ropa abrigadora, un buen impermeable y un gran paraguas y haz un plan B para los días en los que, de plano, no apetece andar en la calle. Eso sí, es una ciudad muy linda, con mucho qué hacer y delicias qué comer, definitivamente con niebla, nubes, frío o como sea, vale toda la pena darte la vuelta.

2. El Nido, en Palawan, Filipinas

Suena súper exótico y antojable: una playa remota pero espectacular en un destino que muchos recién descubrieron: El Nido, en Palawan, Filipinas. Un país asiático que –por lo menos hasta ahora- no está TAN de moda; escucharás palabras y expresiones (y tal vez a algunos habitantes que aún lo hablen) en español; una cocina que combina elementos de la española y la asiática... en fin ¿qué podría salir mal?

Pues resulta que Filipinas no tiene una cultura turística muy bien desarrollada. El potencial es enorme, sí, y de hecho hay muchísima construcción en El Nido, pero la verdad es que. además de la playa, no hay mucho más qué ver, hacer o visitar. Lo único pavimentado es la carretera que atraviesa la pequeñísima población; sí hay barecitos y restaurantes, pero solo unos cuantos y en calles de terracería; solo hay hotelitos mini y la mayoría rodeados de construcciones.

Pero lo peor de todo ¡es llegar! Desde Manila son seis horas en carretera. Y eso es lo de menos, la manera en la que, según internet, es mejor viajar hasta allá, es contratando un servicio de vans. Juro que en algún punto del recorrido pensé que iba a ser muy problemático para mi familia ir hasta Filipinas y tramitar el traslado de mis restos. No me consta que todos los choferes de las vans manejen igual, pero por lo que pude ver, así es.

El hotel donde me hospedé es una belleza (Qi Palawan), pero está unos 45 minutos adelante de El Nido. Traducción: si llueve. no tienes nada, pero nada, qué hacer.

En resumen, El Nido será un sitio espectacular –las playas son muy bellas- dentro de algunos años, cuando esté un poquito menos silvestre; o lo es ya, pero para espíritus MUY aventureros.

3. Ensenada o las expectativas erróneas

Un caso que también tiene qué ver con el clima. Cuando a ti te dicen ‘Ensenada’, ¿qué es lo primero que viene a tu mente? En mi caso fue: Playa+ Baja California= Los Cabos, es decir calor, clima tropical, palmeras, etcétera.

Pues ¿qué crees? Ensenada es playa, sí, pero para darte una idea rápida, está llena de leones marinos, es decir, calor NO hace, por lo menos en la mayoría de los meses del año. En México no estamos habituados a las playas frías como las de nuestros vecinos de Estados Unidos, y Ensenada definitivamente es una de ellas.

Lo más probable es que no te metas a nadar ni te puedas poner a asolear. Pero déjame decirte que tiene una gastronomía maravillosa y está justo al final de la ruta del vino de Valle de Guadalupe, así que, mal no lo pasarás, pero empaca y prepárate para unas vacaciones más campiranas y frescas, que playeras y tropicales.

Fuente: El Universal

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